sábado, 5 de diciembre de 2009

-El problema, primer ministro, es que los del otro bando también saben hacer magia.

Yo podría ser el siguiente, ¿no? Pero si lo soy- añadió con ímpetu, mirando fijamente los azules ojos de Dumbledore, que destellaban bajo la luz de la varita-, me aseguraré de llevarme conmigo a tantos mortifagos como pueda, y si es posible, también a Voldemort.

No privemos más a Molly de la ocasión de lamentar lo delgado que estás.

Es más fácil perdonar a los demás por haberse equivocado que por tener razón.

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